FILOS

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EL CLORO Y GREENPEACE

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CUENTO DE HADAS

Dios creó 91 elementos químicos; el hombre, más de mil y el diablo, uno : el cloro.

Revista Greenpeace (Bélgica), Agosto 1992.

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HECHOS Y CIFRAS

La Sagrada Biblia

Aparte del valor científico de la declaración que antecede, Greenpeace no leyó la Sagrada Biblia detenidamente. La Biblia relaciona claramente el demonio con el fuego y el azufre. Por otro lado, el Nuevo Testamento dice que los cristianos son la sal de la tierra y, como quizás ya sabe, la sal se compone de cloro en un 60%.


Partes de esta página

El objetivo y los medios
La exageración
Los cálculos erróneos
El desplazamiento
La omisión de información relevante
Proyección de propiedades negativas de algunos productos químicos sobre todos los demás
La omisión de evidencia científica
Las alternativas
La (no)violencia
El chantaje
¿Estamos en contra de Greenpeace?

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El objetivo y los medios

Uno de los objetivos principales de Greenpeace es que todas las actividades industriales relacionadas con el cloro cesen el año 2000. Para alcanzar ese objetivo, todos los medios son buenos. Exagerar problemas inexistentes hasta convertirlos en los denominados "desastres ecológicos", presentando o sugiriendo cifras que son más de diez mil veces superiores que las mediciones reales; cálculos erróneos;, acusar a las fábricas de ocasionar fuerte contaminación, mientras que la ubicación real de la factoría citada se encuentra 400 Km. más abajo del punto de contaminación; tomar palabras y frases fuera de su contexto; omitir en sus copias frases esenciales de obras originales, sugiriendo que la existencia de productos secundarios de la industria -como las dioxinas- es igual que emitirlos. Extrapolar las propiedades negativas de algunos productos químicos clorados sobre la totalidad de los más de 10.000 usos del cloro. Y, lo que es aún peor, olvidar mencionar la enorme evidencia que uno puede encontrar en la literatura científica y que prueba lo contrario de lo que afirman. Por ser un grupo ecologista, les gusta promover alternativas "sin cloro", aún cuando éstas sean peores para el medio ambiente y/o más peligrosas para los usuarios. Por último, aunque ello no sea lo menos importante, a pesar de autodefinirse como una organización no violenta, emplean gran cantidad de violencia, atacando fábricas y transportes y chantajeando a los usuarios intermedios del cloro y a los productos clorados.

¿ Estamos en contra de Greenpeace ? En realidad, no. Pero Greenpeace debería emplear argumentos científicos y reales adecuados a los problemas existentes, no mentiras para problemas inexistentes.


La exageración

En uno de sus informes "científicos", "Fábricas de PVC = fábricas de dioxinas", Greenpeace comete un doble error. En primer lugar, "extrapolaron" una investigación de laboratorio, en la que se obtenían 1,5 gramos de producto intermedio de PVC, a la cantidad de dioxinas que se produciría mediante la producción de 100.000 toneladas de PVC. Según ellos, por cada 100.000 toneladas de PVC se producirían más de 400 gramos de dioxinas.
En segundo lugar, Greenpeace sugiere que todas las dioxinas producidas serían liberadas en el medio ambiente. Si esto fuera cierto, lógicamente sería un desastre ecológico y sanitario para las proximidades de dichas fábricas. Pero "olvidaron" que el laboratorio tenía un coeficiente de rendimiento del 12% solamente, mientras que una fábrica de PVC bien equipada tiene coeficientes de más del 97%, por lo que resultaba claro que ésto no era comparable.

Alarmada por la publicación del experimento de laboratorio citado, la fábrica de EDC-VCM-PVC de Rovin, Holanda, pidió a los investigadores de la Universidad de Amsterdam, en la que se había realizado el experimento, que comprobaran las cantidades de dioxinas que se formaban y liberaban en su fábrica.
Esto se llevó a cabo y los resultados fueron los siguientes: en una fabricación de unas 500.000 toneladas al año, se formaban unos 4 g de dioxinas, cifra que ya es 500 veces menor que la sugerida por Greenpeace. De esa cantidad, tras las operaciones de depuración con tratamiento biológico de las aguas residuales y la incineración de los sedimentos obtenidos después del tratamiento de estas aguas residuales, los desechos de la fabricación y los gases desprendidos al aire, sólo se liberaron 40 miligramos de dioxinas al aire, y 10 miligramos al agua aproximadamente, al año, lo cual es 10.000 veces menor que lo que Greenpeace sugiere y por tanto no constituye ningún desastre ecológico, ni siquiera un problema.
Para ofrecer otro dato: la investigación reveló que cada motonave que navega en el Mar del Norte (incluidas las de Greenpeace) libera de 30 a 80 miligramos al año, en igual cantidad (o menor) que las que emite una fábrica en la que se producen centenares de toneladas de PVC. Véase también el artículo Fuentes de dioxinas.

Si uno presume la existencia de un problema medioambiental y no conoce la magnitud del problema, puede solicitar una investigación. En casos obvios, puede extrapolar los experimentos de laboratorio a las circunstancias de la vida real. Pero en este caso, años antes de que dieran a conocer su informe, Greenpeace conocía los datos reales. Por eso, la historia y las cifras que sugieren, son una clara falsificación de la realidad.


Los cálculos erróneos

En otro informe, "Dioxina cero", Greenpeace calcula la "emisión" de dioxinas de todos los fabricantes americanos de PVC, partiendo de las cifras publicadas correspondientes a un fabricante noruego.
Los cálculos se realizaron sobre la base de emisiones reales de dioxinas al aire y al agua y sobre la base de la cantidad de dioxinas encontradas en flujos de agua internos y en aguas residuales procedentes de los productos secundarios. Lo primero, en realidad, no tiene sentido: los flujos internos no aparecen en el medio ambiente, por lo que esa cantidad de dioxina no aparece en el medio ambiente. Greenpeace confunde deliberadamente la presencia de dioxinas con las emisiones de las mismas.
Lo segundo es aún más dudoso: Greenpeace calcula la cantidad de dioxinas sobre la base de que hay tantas sustancias de desecho como las que se generan en su producción. De hecho, sólo se produce un 2,5% de materiales de desecho, por lo que de nuevo calcularon mal deliberadamente utilizando un factor igual a 40. Pero es peor aún. Todos esos materiales de desecho son incinerados en incineradoras bien equipadas, en las que todas esas dioxinas son destruidas, con un coeficiente de rendimiento del 99,9%. Una vez más, los cálculos de Greenpeace estaban equivocados en varios millares de veces.

Todos podemos cometer errores pero, cuando todos los errores apuntan en la misma dirección, ya no se trata de un error sino de una manipulación deliberada.


El desplazamiento

En el informe "Fábricas de PVC = fábricas de dioxinas", Greenpeace "prueba" que una fábrica de PVC fue la causa de la contaminación con dioxinas del Río Rhin en el Km 665. Al estar este punto 10 Km al sur de Colonia, Alemania, y encontrarse la fábrica citada en Rotterdam, a 1.015 Km., en Holanda, ésto era imposible. Después de algunas investigaciones, la contaminación es probablemente del pasado y procede de una fábrica que producía fenoles clorados, que no tienen nada que ver con el PVC, y que ya llevaba cerrada desde hacía más de diez años.

Por otro lado, una investigación de los sedimentos del Rhin reveló que la contaminación con dioxinas había alcanzado su punto álgido en los años 70. En la actualidad, los niveles de dioxinas son aproximadamente iguales a los de 1.945, próximos a cero, a pesar del hecho de que la producción de cloro y PVC es actualmente muchísimo mayor que en aquella época.

Greenpeace nunca pidió disculpas por la acusación claramente errónea hecha a la fábrica de PVC.


La omisión de información relevante

En Alemania, se realizó una investigación sobre el comportamiento del PVC contenido en los vertederos. El informe propone muchas formas posibles de lixiviación de las substancias derivadas del PVC tanto rígido como flexible, sin citar ninguna cifra, por lo que nadie puede calcular los efectos de esos posibles "productos de lixiviación". Aunque la relevancia científica de esta investigación es dudosa, su último párrafo es interesante: el autor afirma que, en los vertidos normales, no cabe esperar ningún efecto perjudicial en relación a los residuos de PVC. ¡Este párrafo es omitido en las copias difundidas por Greenpeace !

Según el folleto de Greenpeace en holandés "El Cloro está en todas partes", la Convención de París resolvió prohibir todos los "compuestos" clorados. Greenpeace omitió tres condiciones esenciales de las acordadas por los Ministros de Medio Ambiente de los países del Mar del Norte: Los Ministros querían la prohibición de todos los compuestos persistentes y tóxicos y bioacomulables independientemente de que contuvieran cloro o no.
Como es lógico, resulta bastante obvio reducir casi a cero o -si es posible- a cero la emisión de esta clase de compuestos al medio ambiente. Sin embargo, los compuestos clorados tóxicos, persistentes y bioacumulables son solamente un subgrupo formado por algunos centenares de productos secundarios en comparación con los más de 1.500 compuestos clorados naturales y las más de 10.000 substancias cloradas industriales. Véase también el artículo El Cloro y la bioacumulación.


Extrapolando propiedades negativas de algunos productos químicos clorados a todos los demás

Greenpeace hace extensivas las propiedades negativas de algunas substancias químicas cloradas, como el DDT, los PCBs y los CFKs, los cuales ya están prohibidos o se está intentando prohibir por ese motivo, sobre todos los usos del cloro (que son más de 10.000), lo cual, desde un punto de vista científico no tiene ningún sentido. Por ejemplo, ¿qué tiene que ver el PVC con el DDT, los PCBs, los CFKs y sus posibles consecuencias como la bioacumulación, la toxicidad, el cáncer y la destrucción del ozono? Nada, excepto que contienen cloro. Para Greenpeace, es un motivo suficiente para emprender en todo el mundo una acción contra el PVC. En realidad, es tan estúpido como pedir el cierre de todas las fábricas de nylón (que contiene nitrógeno) porque los agricultores utilizan demasiados fertilizantes (que también contienen nitrógeno), lo que da lugar a una "nitrificación" excesiva, uno de los problemas reales existentes hoy en día en las aguas superficiales y, en el futuro, también en las aguas de pozo.


La omisión de evidencia científica

Greenpeace acusa a la presencia de PVC en los desechos municipales de ser el origen de las dioxinas cuando estos residuos se incineran. El razonamiento es simple: el PVC produce la mitad del cloro contenido en los residuos municipales, por lo que el PVC es responsable de la mitad de la cantidad de dioxinas que desprende la incineradora. Llegan incluso a citar el ejemplo de la prueba realizada en una incineradora municipal de basuras en Dinamarca (en dudosas circunstancias), en la que hallaron una relación entre la cantidad de PVC y la cantidad de dioxinas.
Greenpeace "olvida" mencionar la enorme cantidad de más de setenta experimentos realizados en incineradoras municipales de todo el mundo, en los que queda claro que no existe ninguna relación entre el aporte de cloro (y PVC) y la producción de dioxinas. Incluso hay más experimentos que han dado el resultado opuesto: un aporte mayor de PVC produce menos dioxinas. También "olvidan" mencionar los experimentos realizados en una incineradora que, con la misma alimentación, dieron una diferencia de hasta cien veces más de dioxinas liberadas, con un cambio en las condiciones de combustión. Por ello, el contenido de cloro o PVC en el "combustible" no es importante, sino que el factor crucial en la emisión de dioxinas es la calidad de la incineración. Véase el artículo El Cloro y las incineradoras.


Las alternativas

Greenpeace menciona gran número de alternativas para el cloro y su uso en los procesos industriales o en los compuestos, en especial para el PVC. Sin embargo, no dan ninguna prueba de que sean mejores para el medio ambiente, sólo tienen en cuenta que no tienen cloro. En realidad, está demostrado que algunas de esas alternativas son más peligrosas para el hombre y/o el medio ambiente.
Así, por ejemplo, para la desinfección de las piscinas, prefieren usar ozono en lugar de cloro. En realidad, el ozono es 60 veces más tóxico que el cloro y, en contra de lo que ocurre con el cloro, actualmente está reconocido como cancerígeno humano por el Deutsch Forschungsgeselschaft alemán, institución que dicta las normas para las sustancias tóxicas y cancerígenas en los lugares de trabajo de Alemania. Se estima que su potencia cancerígena es unas 120 veces superior a la del benceno, conocido cancerígeno humano contenido en la gasolina. Véanse también los artículos El cloro y la toxicidad y El cloro y el cáncer.


La (no) violencia

Greenpeace predica que son no violentos. Pero lo que vemos son los muchos casos en los que atacan violentamente las fábricas de cloro y PVC, bloquean transportes y causan daños y perjuicios reales. Sólo en Bélgica y Holanda, han perdido los juicios que se enumeran a continuación:

No suspender su acción en Solvay Amberes: multa 230.000.-$
Por cada bloqueo de las actividades de Akzo Nobel Chemicals en Rotterdam: multa de 30.000.-$ por caso y 60.000.-$ por día.

Condena personal a un mes de prisión al dirigente de la campaña de Greenpeace contra el cloro en Bélgica, con prestación social sustitutoria y multa de 6.000.-$ por los daños causados en la fábrica de Productos Químicos Tessenderlo.
Pago de todos los costes del bloqueo de un tren que transportaba cloro en Linne-Herten en Holanda.
La última sentencia es bastante interesante. El juez fundamentó su fallo en el hecho de que Greenpeace ni siquiera había intentado recurrir a algún medio legal para protestar o exponer sus objeciones, mientras que otros grupos ecologistas lo habían hecho, y tampoco había sostenido ninguna discusión con la dirección de la fábrica antes de bloquear el tren.

La peor violencia es aquella que practican con sus ataques contra el compuesto PVC. Sin ninguna razón científicamente justificada, utilizan el PVC como chivo expiatorio para su fundamentalismo. Las personas están más o menos protegidas por la ley contra las falsas insinuaciones y acusaciones. Ninguna ley protege a un producto contra las falsas insinuaciones y acusaciones ni tampoco es posible hacerles pagar por el daño que han causado en las cuotas de mercado y desempleo, lo cual es utilizar su poder sin responsabilidad.


El chantaje

Greenpeace abusa de la posición de los fabricantes y revendedores de bienes de consumo para chantajearlos. Con acciones contra el PVC, dirigidas contra distintos revendedores, con la publicación de "listas negras" de bienes de consumo que aún son embalados en PVC, crean un ambiente que es difícil de soportar. En realidad, los revendedores quieren vender agua, margarina, queso, pescado, carne, juguetes y demás bienes de consumo, no su embalaje. Por eso, si existe una posibilidad de perder parte de la cuota de mercado como consecuencia de esta clase de publicidad negativa, cambiarán rápidamente a otros materiales de embalaje. El consumidor y el medio ambiente pagarán la diferencia.
Si de algún cambio se derivara algún beneficio para el medio ambiente, habría cierta legitimación en esta clase de acciones. Pero, como gran parte de las investigaciones científicas adecuadas demuestran lo contrario (véase Los análisis del ciclo de vida del PVC y sus alternativas), ésta es, en realidad, una forma de fanatismo ecológico. De hecho, qué diferencia hay entre enviar al paro a la gente basándose en la religión, sexo o raza, o dejarlos sin trabajo no porque los productos que fabrican sean buenos o malos para el medio ambiente, sino porque contienen cloro ...?


¿ Estamos en contra de Greenpeace ?

Hasta hace pocos años, éramos admiradores de Greenpeace, hasta que descubrimos que, aún cuando sus objetivos estén legitimados, en todos los casos emplean mentiras, medias verdades y exageraciones para alcanzar su objetivo. Y, más en el caso del cloro y del PVC, porque su objetivo está equivocado.
Al decir que Greenpeace emplea mentiras, no estamos solos: Paul Crutzen, reciente ganador de Premio Nobel de la Paz por su trabajo sobre la capa de ozono, se ha dado de baja como socio de Greenpeace.
"Han falseado el caso y estoy furioso por eso, porque eso se volverá contra nosotros. Han utilizado datos falsos, tanto respecto al Brent Spar como para las pruebas nucleares francesas. Estoy en contra de las pruebas nucleares, pero uno debe utilizar argumentos científicos válidos... No, Greenpeace ha perjudicado la causa ecologista".
Las acciones de los grupos ecologistas, incluyendo a Greenpeace, de los que muchos Clorofilos son (en el caso de Greenpeace, eran) socios, fueron necesarias en el pasado para conseguir que la dirección de las fábricas y el gobierno se dieran cuenta de que la contaminación iba demasiado lejos. Pero, en la actualidad, la mayoría de las fábricas contaminan mucho menos que el tráfico o las actividades agrícolas o domésticas.

Algunos grupos ecologistas, como Bellona en los países nórdicos, han realizado acciones contra fábricas de PVC, pero no pidieron su cierre, sino que trabajaron para conseguir la reducción de la contaminación a niveles bajos aceptables. Esto fue seguido de inversiones en las fábricas y aceptan el PVC, lo cual no es el caso de Greenpeace, que está en contra del PVC solamente porque contiene cloro, aunque pierdan credibilidad ellos y, lo que es aún peor, las ideas ecologistas en general.
Creemos que los grupos ecologistas todavía son necesarios por ser organismos de control para que las fábricas y los gobiernos sean conscientes de las consecuencias de sus acciones. Pero estos grupos deben emplear argumentos científicos válidos y convincentes, cosa que Greenpeace no hace.

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Está en el nivel uno de las páginas de los Clorofilos.

Creación: 23 de febrero, 1996.
Última actualización: 5 de marzo de 2000.

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